De la inauguración, de los artistas, del VAR, del cooling break y de todas esas cosas hablamos todos los días. Nos gustan algunas, otras no tanto. Pero en esta primera jornada del Mundial prefiero detenerme en lo que pasó dentro de la cancha, porque hubo bastante fútbol para analizar.
El debut entre México y Sudáfrica fue un buen comienzo para el torneo. Hubo intensidad, ocasiones de gol y dos equipos que nunca dejaron de buscar el partido. Quizás el árbitro se apresuró en la expulsión del primer jugador sudafricano, porque esa decisión le quitó algo de ritmo al encuentro. Sin embargo, no le quitó emoción.
Lo más destacable fue la reacción de Sudáfrica. Nunca se sintió un equipo derrotado. Incluso en los minutos finales adelantó líneas, presionó y se acercó al empate. Es una muy buena señal para el Mundial cuando las diferencias entre selecciones no parecen tan amplias y los partidos se mantienen abiertos hasta el final.
En ese mismo Grupo A también se vivió un hecho histórico. El Estadio Azteca se convirtió en el primer recinto del mundo en inaugurar tres Copas del Mundo. Y como dato curioso de la jornada, también destacó la cercanía entre hinchas mexicanos y coreanos, que celebraron juntos durante gran parte del día.
Más tarde llegó el turno de Corea del Sur y República Checa. Dos estilos completamente distintos, pero igualmente efectivos. Por un lado, la impresionante envergadura física de los checos. Por otro, la velocidad y dinamismo de los coreanos.
El primer gol de República Checa resumió perfectamente su propuesta. Nació de un lateral lanzado al área, una jugada claramente trabajada. El defensa central fue a buscar el balón, ganó por arriba y convirtió. Fútbol simple, directo y muy bien preparado.
Corea respondió con lo suyo: velocidad, transiciones rápidas y mucho talento. El empate llegó mediante una jugada extraordinaria, de esas que parecen sacadas de un videojuego. Una combinación rápida y precisa terminó en un verdadero golazo.
Pero el momento clave del partido estuvo en la banca checa. Apenas consiguió la ventaja en el segundo tiempo, su entrenador comenzó a retroceder. Sacó delanteros, reforzó la defensa y el mensaje fue evidente. Corea percibió ese temor, adelantó sus líneas y se instaló en campo rival.
Aun así, República Checa estuvo cerca de aumentar la ventaja. Marcó nuevamente mediante el juego aéreo, pero el tanto fue anulado por posición de adelanto. Incluso allí apareció una muestra de la inteligencia competitiva coreana: el defensor empujó lo justo al atacante para dejarlo adelantado. Una viveza futbolística que terminó siendo decisiva.
El resto ya es historia. Corea siguió atacando con rapidez, con asociaciones cortas y con una propuesta ofensiva muy atractiva. Así encontró el segundo gol y terminó llevándose una victoria que premió su convicción.
Después de esta primera fecha, una conclusión parece evidente: México no la tendrá tan fácil como muchos pensaban. Corea del Sur mostró argumentos para pelear el grupo y República Checa dejó claro que tiene herramientas para complicar a cualquiera. En el Grupo A todavía no hay nada definido.